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¬°Impensable!

Antonio Zanini prueba el Ferrari 458 Italia para GT-CLUB

¡Impensable! Así podría resumir el balance de la experiencia del 2 de agosto de 2011 con el nuevo Ferrari 458 Italia de GT-CLUB. A finales de junio suena el teléfono y Albert Castelló me ofrece la posibilidad de probar el Ferrari 458 y me pregunta: ¿dónde quieres hacerlo? De inmediato rebobino mi corta experiencia Ferrarística. A inicio de los 70 mi benefactor, Hans Bäbler, acababa de comprar un Ferrari 330 con las espectaculares llantas Borrani y esa semana se corre en el Jarama. Viajé a cañón hasta el circuito de Madrid. Al acabar las carreras de Sport y Fórmula 1430, deambulando por los box, Don José María Juncadella, hombre de carácter, al verme me dispara: “Tú te llevas el coche a Barcelona”. El paquete era un Plymouth con matrícula suiza y un remolque con un Ferrari 512 M de la Escudería Montjuich. Así se iniciaba la gran carrera Madrid-Barcelona de remolques. No creo que el carísimo 512 M haya pasado más peligro ni en las 24 Horas de Le Mans, donde corrió en 1971.

 A fines de los 70, en las habituales reuniones del equipo Seat, veo en ABC que se vende un Ferrari. Por la tarde acudo por la zona del Bernabéu y veo en la acera, con bastante polvo, un 330. Negociación, arranque y a las 7 de la tarde salida para Barcelona. Inolvidable experiencia, por la noche, la Nacional II, con su trazado antiguo, sin tráfico, pero un problema, la calefacción no funcionaba. En las zonas rápidas de los Monegros el frío era insoportable. ¡Qué equilibrio! Y, sobre todo, 8 cilindros más que en mis habituales Seat.

A mediados de los 80, Don Fernando Serena, importador de Ferrari en Barcelona, me ofrece la posibilidad de hacer el Campeonato de España de Rallyes de asfalto con un 308 GTB-Michelotto, que era potencialmente un pepino pero que prácticamente no había competido en rallyes. De premio, hacer la Targa Florio. Una fotografía inolvidable: el sol levantándose en la madrugada en el horizonte, las gomas D5, degradándose, acompañado de las viejas pintadas en los muros de los héroes históricos y zigzagueando en las rectas, en busca de los charcos para enfriar los neumáticos.

20:10h. La llamada de Albert. Lo probamos en Collformich, en donde vi pasar en su día al 512M, cuando el Tour Auto pasó por Barcelona, Montjuïc y las carreteras del Montseny. A la hora convenida, el Sr. Bosch apareció con un aparato rojo. Tengo que reconocer que para mí era un desconocido. Me explica los mandos del volante, que más bien parecen una calculadora. Arrancamos con la prudencia habitual. Lo de prudencia, para uno que ha corrido con casco en múltiples ocasiones, hasta con nieve, se puede prestar a confusión. La primera apreciación es que el motor empuja con un vigor al que no me tenían acostumbrados los antiguos 308-Michelotto.

El aplomo del chasis en las zonas delicadas es admirable y cuando se le fuerza sobrevira ligeramente, lo que evita romper los faros traseros contra las vallas. En las zonas rápidas, con el sistema manual, al llegar a las frenadas en sexta, se me amontona el trabajo. En ocasiones me encontraba con una marcha de más o de menos. Decido pasar al sistema automático y, milagro, ya soy perfecto, ya no me equivoco. El sistema interactúa con el conductor y en función de las frenadas las reacciones son inmediatas. Al acelerar con ganas los cambios son en su tiempo y el sistema de control de tracción le permite “descomponerse” un poco. Las salidas de curva son espectaculares. Con esta opción sólo queda concentrarse en llevarlo por la estrecha franja de asfalto, a toda chufa. Una crítica: el pedal de freno tiene una imprecisión al inicio de las frenadas.

Espero con ilusión la ampliación de servicios de GT-CLUB con el GTRR (Rally Racing), para confirmar que el 458, con pocos cambios, sería de inmediato un coche ganador en los rallyes nacionales.